miércoles, 9 de noviembre de 2016

Auriculares.

Curiosamente hoy es 9 de noviembre y al parecer el mundo se viene abajo. Nada es tan grave creo, vos, pequeño grano de arena. El grano que vengo queriendo explotar hace tiempo y sigue apareciendo turgente y más en estos días de calor en los que el mundo se viene abajo. A veces pienso que va a estar todo bien pero solamente es poner un paño frío al último tiempo. Quisiera echarme un balde de gel mentolado y ser enmomiada con bendas tibias y así no sentir nada por un tiempo largo... quizás que pasen algunos años y que cuando todo esto haya decantado, cuando cada lágrima imaginaria se haya olvidado de su razón de ser... quizás ahí despertaría y quizás entonces el mundo este hecho un infierno pero habría que ver. Quizás hasta me habría olvidado mis emociones y mi grano se haya disuelto. En algún momento presentí que si todo esto sucedía sería catastrófico. Mi error más grande fue haberme tapado los oídos de mi cerebro... para abrir mis oídos de ya saben dónde. Maldición. Rayos y centellas, Batman. Y muchos otros insultos que por ser sutil y cuidadosa con el Otro me voy a guardar. Ayer me sentí fuera de lugar, fuera de mí, fuera del nido que yo había construido sin querer. A la gente le encanta Lisandro Aristimuño y yo creo que lo odio. Quizás cuando me desmomie no lo odie tanto y me crea mejor persona, una mejor groupie del mundo. Y resulta que llego a mi casa y hay un gato hasta que abro la puerta. Por su puesto no hay nada y entonces quiero que no haya nada más nunca en ningún momento de la vida. Que solo haya muerte, que haya solo lo que existe, la muerte. El resto es mentira, va viene vuelve se va. Y cuando se va es real y lo real es lo que duele porque el dolor es real. Nadie miente sobre el dolor, simplemente duele. Sobre el amor quién sabe, es ridículo... nadie sabe nada acerca del amor... hasta que duele. Y duele como la concha de la lora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario