lunes, 9 de noviembre de 2015

La rueda.

Hoy no es un lunes de lluvia y reflexión, no es un lunes gris de llanto. Hoy graniza como casi nunca, y es magnífico. Y las piedras golpean contra la ventana y no atraviesan nada. No me atraviesan porque cada vez que me atraviesan me avisan. Y nadie me avisó que iba a llover hoy. LA culpable soy yo, obvio, otra vez por haber sido avisada. Me avisan sin parar que son incompetentes, que no están aptos para querer, para abandonar la tristeza de los ojos, para dejarse humillar por la felicidad. Pero no les pedí amor. No te pedí amor, idiota, te pedí una sonrisa, el amor no es necesariamente felicidad, es solo amor. Vacío, es solo una forma que no me dejaste llenar de contenido. Y este sentimiento autoritario que me martilla los oídos no se va más, porque vino para quedarse y hasta que no te martille el cerebro a vos no voy a parar. Y entonces siento algo como opuesto al amor, siento contenido, como un bowl lleno de una premezcla incomible. Porque sé que también querías, que me viste con los ojos llenos de amor y llenos de ira. Comete vos la culpa de haber desperdiciado algo tan melódico, punteo por punteo me canta una canción que no entiende. Pero que entiende que no debería habérsela cantado a otra. Antes… durante… y después.

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