Río tus bromas sólo para que me prestes un poco de tu oído. Te cedo la palabra mudamente para que me des un poco de tu habla. Me tropiezo intencionalmente para rozarte sin que te des cuenta. Me acerco con disimulo para comprobar que tu aroma es siempre el mismo. Todo este tiempo a tu lado, sin siquiera que te des cuenta, y todavía no logré que me miraras al menos una vez.
En el momento en que me hables ya me habrán ensordecido tus palabras de desinterés. Cuando me toques, la piel se me habrá caído de haberte cantado bajo el Sol. Cuando te pongas perfume para mí, no podré distinguirlo de tantos aromas que he imaginado que me regalabas alguna vez. Sea el momento que sea, yo ya lo viví contigo soñando despierta. Si tantas palabras te confunden es porque todavía no las has escuchado. En el momento en que te importe, ya me habré dado la vuelta y cuando sigas mis pasos, volveré.




