domingo, 30 de diciembre de 2012

El despertador.


Era una clase, sin supervisor. Estabas ahí y me miraste un par de veces. Pocos éramos los que estábamos, 6 o 7, y pocos fueron los que te vieron saludarme. Rápido, lacónico y efectivo. Me agarraste de la mano y me la soltaste pronto para agarrarme de la cintura. Si no me confundo estábamos acostados. De pronto, algo que no recuerdo y te encuentro en la terraza de mi mente, te vi y caminamos juntos un rato. El edificio de al lado por un viento comenzó a derrumbarse. Corrimos de la mano, y sin pensarlo saltamos por la terraza y como si lo tuviera tatuado en mi piel gritaste "si nos pasa algo, voy a estar con vos". Cuando caímos  aterrizamos sobre arena, una gran hectárea de arena. Pensé en mi familia y así como si nada, pájaros inmensos tomaron enormes piedras del edificio y las soltaban encima de nosotros. Nosotros... éramos miles, aproximadamente todas las personas que vi alguna vez. Podrían haber pasado horas si hubiese tenido mi reloj en la muñeca. Nos corrimos hacia los costados, dejé de pensar en vos un instante y la batalla cesó. No te vi más y me dormí. Lo prefiero así.