Perdón le quiero pedir. Porque lo culparé de no mirarme, y le haré saber que estoy dolida. Cuando eso pase tendré que admitir que fue un poco mi culpa también. Le quiero pedir perdón por no tener el pelo tan lacio o el cuerpo tan armonioso. Porque mis piernas no responden a la relación de aspecto que él más quiere y le pido perdón. Porque no se lo puedo dar, y él tendrá que pensar en otras piernas. Y cuando nos separemos por unos días le perdonaré por dentro que no sea yo la protagonista de sus fantasías pero se lo haré saber. Perdón por no ser extrañada tanto como él, porque yo lo extraño y si él no pues no me pide perdón. Por estar ocupado, perdón por no estar igual de ocupada, ni aunque quisiera ocuparme de dejar de respirar estaría tan ocupada. Perdón.
Perdón por no ser balanceada y por hablar de más, con mis labios paupérrimos perdón. Por tener manchas en la piel, que no te dejan resbalar la vista por mi cuerpo. Por tener manos grandes y pies torpes. Por usar ropa grande y holgada. Por no acomodarme a las proporciones que vos querés. Perdón por no ser soprano y que mis cejas no sean naturalmente así. El despeinado no me queda bien, y sé bien que te encantaría poder decir que me preferís despeinada y sin maquillar. Pero yo hago todo un esfuerzo.
Perdón por tener que hacerlo, me encantaría que no fuera necesario, pero yo quiero que no te arrepientas nunca y que cada vez que te despiertes a mi lado no me hayas escuchado roncar. Quiero ser la más fina, porque cuando lloro tampoco es mi mejor momento. Veo en tus ojos que te cuesta secarme las lágrimas, quizás porque ya soy más un monstruo que no se calla y que balbucea entre llanto y angustia. Perdón por no tener el carácter para no pedirte perdón, pero yo para vos quiero ser la más hermosa y no me sale. Perdón por seguir insistiéndote con regalarte cosas que no te gustan, pero es que no entiendo cómo funciona esto, y desespero, y me expongo ante todo y grito que por favor alguien me dé una mano y me explique cómo hacer para que no te vayas nunca.
Siempre este es mi recurso último, así espero a escuchar algo lindo, algo que me levante el ánimo, y perdón, porque en definitiva todo recae en él. Y le pongo responsabilidades que no tiene porque cargar. Y cada movimiento que hace para mí es lo primero, y él no me contesta. Y si pasa un día sin escucharlo me ahogo y si pasa una semana sin verlo me hundo y si pasara que nunca más, me moriría.