Soñé que me abrazaban, que me alzaban y ambos nos despegábamos del suelo. Poco curioso siendo sueño, nos enredábamos como el ADN y así nos mantuvimos un rato. Volando. Cuando el impulso se nos acabó aterricé como una pluma, y me agradeciste todo. No recuerdo bien qué. Pero me sonreíste sin mirarme y te fuiste. Eras todavía más hermoso.
Hoy me levanté queriendo ser abrazada, queriendo volar aunque sea un momento. Ni siquiera un beso de esos que te molestan, de esos que no querés que te despierten. Ni siquiera un beso te pido, solo un abrazo. Que me digas que cuando lloro soy más linda, que despeinada te gusto más.
Hay algo que no sabés y es que desarrollé una sensibilidad de la máxima y que todo roce para mi es gigante, y cada mano que me sacás para mí es un golpe en la nariz. Y que cada vez que me sé que dormís desentendido me lloran los ojos, con un nudo en la garganta quiero gritarte que necesito un abrazo.
Y como si fuera poco, me revuelco en cada melodía que me hace mal. Esas que me erizan la piel... Son las que más disfruto.
Pero lo que peor me hace es pensar que probablemente yo soy la que tiene los parámetros corridos. Empiezo a pensar que estoy siendo injusta y caprichosa, y que no puedo disfrutar de un momento, eso es lo que más me cuesta, luchar conmigo misma. Con mis pisos y mis techos que te impongo sin decirte. Tengo miedo de decirte cualquier cosa, por estar siendo insegura y sentirme fea. Porque si hay algo imperdonable para mí es permitirme perderte. No quiero imaginarme que no me estás dando todo, aunque me cueste, prefiero pensar que no puedo pedirte nada más. Y ahí es cuando recuerdo que estás durmiendo desentendido, y ahí me confundo. Y me duele no saber qué soñás.