domingo, 26 de enero de 2014

Viajé.

Sólo que cada cosa que sueño me eriza todo. Son cosas que me matan y será eso lo que realmente existe. Haber aprendido a emocionarme me lo debo a mí misma. Como si fuera fácil en este mundo emocionarse. Creo que yo ya entendí cómo hacerlo de todas formas. Una muchacha extranjera me dijo esforzadamente: "Para ser UNO en este mundo, hay que estar loco. Porque el capitalismo es acabado". Por más de que yo no atribuya nada de lo que me pasa a la economía, veo acá, aquí y allá que caminan personas acabadas. Y quizás a la economía no le tenga miedo, de hecho me alegra saber que no es un problema, y que puedo hacer lo que disfruto hacer. Sin embargo pienso que quizás algún día, en algún momento quiera tener hijos, hijas, no sé. Y lo único que quiero es poder darles todo. Por tanto estoy entre yo y gente que aún no es. Pero cuando sueño me pasa algo que despierta no me sucede, y es que siento que eso que sueño es lo que existe. No tengo recuerdo de haberme levantado y haber podido decir: "realmente esto es lo que sucede y me sucederá siempre".
Sueño con que me sucedan mis hijos quizás, que vivan, que aprendan a ser felices, con qué y con quiénes. Y cada vez que sueño me pregunto si esa es la única verdad. Cada noche sueño más claro. Ayer soñé mucho, soñé todo. Dije "I can't help it", me regalaron un cuadro pintado de rojo, blanco y negro muy cargado de sentimiento y arreglé para encontrarme con alguien a la vuelta a las "2:30"pm. Me eriza cada poro de mi cuerpo. Soñar. Creer que conozco a la gente. O lo que es peor, creer que lo que conozco en realidad no. Ya soñé con mis hijos alguna vez. Lo único que espero que sea verdadero entonces, es que mis hijos puedan soñar con ser una emoción diferente cada noche.

domingo, 5 de enero de 2014

Pestañas.

Él sabe lo que quiere. Me refiero a que quiere saber solo lo que tiene ganas de saber. Él entiende que puede desentenderse y no dar explicaciones. Él entiende que tiene miedo y quiere no saberlo. Jamás negué el poder de la negación. Él, negador, tiene poder sobre mí. Un poder que no quiero que tenga, porque no quiero, porque me hace mal, porque no le sirve a nadie, pero más importante: porque no nos sirve a los dos. Ya casi somos dos caras que no pueden mirarse entre sí, porque a veces el incendio con agua no se apaga. Sabe que lo quiero. Me quiere él de una manera tan... particular. Intenté odiarlo, pero claramente no pude, pues acá estoy haciendo de mi tiempo sus palabras. Ni pienso dar explicaciones. Uno en los sentimientos nunca se equivoca. Ya dos años hacen que quiero que me dé lugar, porque sé que lo tengo. Y luego, enojo, después entendimiento, más tarde frustración y finalmente soledad. Él sabe todo esto, pero sabe lo que quiere. Lo que no sabe es que tengo un corazón.