Quizás autodestrucción. Pero antes todo parecía bien, correcto, adecuado, constante. Y estamos sentando bases sobre algo que parece pudrirse sin embargo está recién erigido. Entonces me pregunto si es cincuenta/cincuenta, o si puedo levantar yo los muros de esta casa, cargando los ladrillos sobre mis hombros todo el día. Hombro al hombre, y hombre al hombro. Hombres caminan a mi lado, vitales y audaces. El que se encuentra en la casa se llama Arrugas. Vive solo, porque el otro trabaja, construyendo la casa que Arrugas quiere para el futuro. Nunca es mal momento para la siesta, Arrugas. Pero Arrugas tiene su encanto... Será manipulador o vivo quizás... Convenido. Lo que no se da cuenta es que cuando brota, le saltan los hilos, y se ve todo, se ve como una vez gritó. Gritó por sentirse incómodo. Pero él pretendió otra cosa, pretendió entendimiento, trabajo y sonrisas. Y lo obtuvo. Porque más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Y es un alma dentro de unos ojos que brillan en la oscuridad. Cuando anochece y todos duermen, él se luce, y mientras yo duermo, él me acecha me provoca feos sueños. Uno tras otro, separados cada uno por una postdata, y es su rechazo, que manipula, su viveza. Sin embargo, de día Arrugas brota y le saltan los hilos, y ahí veo, que antes de su corazón, hay hematomas que circundan.