domingo, 18 de marzo de 2012

La tentación de dramatizar el dolor.

Pareciera, o no solamente parece, que entré en un mundo en donde estar obligado por alguien a guardar silencio es un privilegio. Lo más cómico es que, saber algo significa la imperiosa necesidad de confiárselo a alguien y eso es un honor para el que escucha aún habiéndole vedado el habla. La gente ahora se la pasa otorgando honores pero no por engrandecer la figura de alguien... Vayan ustedes a saber porqué. De ahora en más, voy a guardar silencio, y ojalá nadie cuénteme más nada, y menos si quedo en medio. Voy a callarme, que me salga urticaria, ¿qué me importa? Todos hablamos de equidad, de igualdad, de "democracia" pero lo que mejor sabemos hacer es firmar contratos y pactar con algunos para enaltecerse mutuamente. Para caerse bien, le dicen. Yo no sé nada y no me gustaría saber nada más. Me tiene harta la gente que se ciega y se piensa mucho más simplemente por conocer las memorias de otra persona. Jamás van a conocer a nadie, mucho menos de terminar de conocer. El día que quiera firmar con mi nombre y apellido todo lo que diga, va a ser porque quiera que la gente sepa de mí. Hasta ahora no pasa, ni pasará jamás.