martes, 12 de marzo de 2013

Se desvanece.

Todo pasa, se transforma en otra cosa. A veces para bien o mal. Si creés que podés decidir, será para bien entonces. ¿Y qué si extraño... si me aflijo por lo que ya pasó? Es decir, sé de antemano que todo termina, quizás no desaparezca, pero se transforma en otra cosa. Todo tiene sus momentos, momentos de gloria pero solo que ya fueron. Porque no puedo adivinar los que están por venir. Es más claro el pasado que el presente. El presente es vago porque no sabe a dónde va: una vez que se encaminó ya es pasado y ya sucedió. Mis memorias y secretos son diez veces más concisos que mi presente, confuso. No sé si debiera hablar de las relaciones interpersonales, me refiero a que no hace falta, supongo. Todos sabemos que las relaciones entre humanos tienen sus momentos, sus altibajos, sus gritos de victoria y silencios de ausencia. Lo nuevo propone y divierte, todavía no pasó y no me aflijo; lo viejo esclarece después de rutina. Así como el pasado es claro. El tiempo a pesar de curar descubre, y puede no gustar. No llores por un pasado que ahora no repetirías. Te ha estado intoxicando, ¿lo ves pasar? Paciencia y de pronto el alivio, estás siendo iluminado por las estrellas. El Sol a veces ciega y engaña, aunque dé calor. Pero el mundo sigue, y gira, y el Sol va a volver, la diferencia es que ya sabés que te nubla la vista y sin darte cuenta, ya no tenés los pensamientos que no quisiste tener y paz... noche se hizo.

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