martes, 8 de enero de 2013

Cinco.

Entre muchas cosas te recuerdo y puedo masticar la situación. Mi nariz me causa nostalgia, el aroma de tu presencia y los restos cuando estás ausente me desconsuelan. Si lo vuelvo a sentir recuerdo. Te pienso dos veces. Los olores y la memoria estarán conectados, es clave. El paladar me advierte los sabores que me das, y me provoca más hambre. Hambre de vos, como si fuera poco. Desesperación. Me muerdo y remuerdo hasta que se me sale la piel de los labios y me vuelvo a morder. Casi semejante al enojo que me da escucharte balbucear cosas irrelevantes para nosotros. Me enoja escucharte hablar de simplemente "cosas". Grito y te dejo de escuchar. ¿Para qué? No, la verdad es que no quiero, deseo escuchar tu voz una vez más. Si solo no te viera más, al menos dejame con el vago sonido de tu voz retumbando en mi cabeza. Hasta que no te vi más, no te encuentro. Mis ojos vendados y pongo mis manos a la altura de tus hombros para cruzarte. No hubo caso, ya no te veo. Dicen que el amor es ciego, aunque si me estuvieran mintiendo jamás podría saber quién me mintió. ¿Vos, quizás? Solo puedo tocarte entonces, y siendo agnóstica solo le pido a Dios que me quede tu piel.

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