Momentos en que por ser enemigo de enemigos, no estoy solo. Momentos en los que por ser el enemigo, tengo pocos. Momentos en los que por ser la víctima esperaría tener muchos y no los tengo... Mi familia esperaba tener, pero ¿quiénes son mi familia? Pienso que mi familia la armo yo. Que en mi árbol pongo yo las fotos que quiero que aparezcan y yo, solo yo, sé qué es lo que siento en el fondo de mi corazón. Solo yo sé quiénes van a durar por siempre, quiénes van a ser una farsa molesta como un piojo y quiénes van a estar presentes aunque no los pueda ver. Son los momentos en los que me siento solo que espero que esa familia, conociéndome, se dé cuenta sin necesidad de leerme la mente. Que me apapache y que me haga sentir valorada y querida. Cuando alguna hoja se marchita, la arranco de mi árbol. Y si maduraron las frutas, las recojo y cosecho. Es como las matemáticas: tengo infinitas semillas para plantar, si las planto todas, tengo infinitos árboles, si no necesito plantar muchos para vivir, tengo que ir probando cuáles me conviene plantar. Pero no es un problema con una única solución, me fui dando cuenta. La combinatoria, si parto de infinitos, tengo infinitas posibilidades. Por lo tanto infinitas posibles familias y por lo tanto infinitos posibles caminos de vida. Ese es mi problema. Elegir y adecuarme.domingo, 8 de enero de 2012
Él y solo Él.
Momentos en que por ser enemigo de enemigos, no estoy solo. Momentos en los que por ser el enemigo, tengo pocos. Momentos en los que por ser la víctima esperaría tener muchos y no los tengo... Mi familia esperaba tener, pero ¿quiénes son mi familia? Pienso que mi familia la armo yo. Que en mi árbol pongo yo las fotos que quiero que aparezcan y yo, solo yo, sé qué es lo que siento en el fondo de mi corazón. Solo yo sé quiénes van a durar por siempre, quiénes van a ser una farsa molesta como un piojo y quiénes van a estar presentes aunque no los pueda ver. Son los momentos en los que me siento solo que espero que esa familia, conociéndome, se dé cuenta sin necesidad de leerme la mente. Que me apapache y que me haga sentir valorada y querida. Cuando alguna hoja se marchita, la arranco de mi árbol. Y si maduraron las frutas, las recojo y cosecho. Es como las matemáticas: tengo infinitas semillas para plantar, si las planto todas, tengo infinitos árboles, si no necesito plantar muchos para vivir, tengo que ir probando cuáles me conviene plantar. Pero no es un problema con una única solución, me fui dando cuenta. La combinatoria, si parto de infinitos, tengo infinitas posibilidades. Por lo tanto infinitas posibles familias y por lo tanto infinitos posibles caminos de vida. Ese es mi problema. Elegir y adecuarme.
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