Mi Buenos Aires querido, yo me pregunto porqué es que terminé donde me hallo y qué halle cuando terminé con vos. Fue como un vaivén de piernas que se deslizan suben y bajan al compás del bandoneón. Que resbalan, que desaparecen, pero sobretodo que confunden. Se confunde como cuando a mi autocrítica la confunden con modestia o como cuando el cielo se confundió al pensar que me iba a aplastar cuando no me dio los ojos verdes que nunca quise. Recuerdo lo que quiero, y lo que no: depende de mi memoria selectiva o será mi olvido traicionero. Si hubiera que desembarcar en el primer puerto que se me cruzara, sería este mismo. El puerto que lleva tus huellas en alguna parte, quién sabe dónde. Cuando me diste mucho en qué pensar me hundiste más que cuando no estuviste. Que coordinen los minutos, es una vil suerte pero no lo dejo de tener en cuenta. Tengo una gran fortuna para ofrecerte, Buenos Aires. Pero no tiene que ver con ningún tipo de infraestructura. Alma, corazón y vida es la fortuna propiamente dicha. Alma para conquistarte, corazón para quererte y vida para vivirla junto a tí, Amor, Amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario