Un crudo otoño, una familia perdida, un vaso medio vacío, unas flores marchitas. Un alma que vagabundea por pasillos va silbando como el viento que anuncia una llovizna casi tan fino como el chirrido de una puerta. Son golpes que escucha, son recuerdos que vuelven, son ideas que parecen reconstruirse, es la nublada visión de lo que está por venir. Se siente poderosa, el alma que piensa saberlo todo. Casi la completa reconstrucción del tiempo y espacio, por un instante se siente como si pudiera saber cuándo lo ha vivido. Todo pasó en un instante. Al segundo, un flash que se desvanece antes de que se cerrara la idea. En un estado de shock el alma dejó de silbar, cierra sus ventanas al mundo y se queda dentro. Intenta conectar personas, palabras pero nunca logró juntar las letras, sólo balbuseó: qué extraña la mente.

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